Holy League no apareció como otro nombre más dentro del ruido del hacktivismo geopolítico. Desde el comienzo quiso conformar una unión y no entrar al conflicto como un grupo cerrado alrededor de un nombre propio. Así fue como terminó construyendo un punto de reunión para equipos, causas y relatos que ya existían por separado, pero que podían empezar a reconocerse entre sí bajo un mismo frente hostil para Israel y sus aliados.
Esta lectura también encuentra respaldo en reportes públicos de compañías de seguridad. Radware presentó a Holy League como una alianza surgida de la unión entre High Society y 7 October Union, con un discurso orientado a reunir hacktivistas pro-rusos y pro-palestinos contra países occidentales, India y Estados que respaldan a Ucrania e Israel. Cyble, al analizar la campaña contra Francia en diciembre de 2024, la trató también como una alianza y distinguió entre ataques coordinados por el frente y operaciones ejecutadas por distintos miembros, incluyendo DDoS, defacements, claims de filtración de datos y hasta alegaciones de compromiso de sistemas industriales por parte de actores del entorno Holy League. ENISA, por su lado, la incluyó junto a 7 October Union entre las alianzas que contribuyeron al aumento del ritmo e intensidad de ataques DDoS contra administraciones públicas europeas.

Ejemplos de propaganda digital vinculada a Holy League, mediante las cuales buscó amplificar campañas contra objetivos europeos y reforzar la idea de un frente coordinado más allá del ataque puntual.
Por eso, si se intenta leer a Holy League con el lente clásico del grupo hacktivista, enseguida se siente que algo no termina de cerrar. Quedarse sólo con la pregunta de qué atacó o qué operaciones quedaron ligadas a su nombre sirve para describir una parte del fenómeno, pero deja a un costado lo más interesante en relación a cómo Holy League ganó relevancia dentro del ecosistema antiisraelí.
En una publicación anterior habíamos examinado cómo ciertos espacios pro-iraníes y pro-rusos empezaban a tocarse dentro del mismo terreno de hostilidad digital. Holy League resulta relevante porque agrega a ese cruce el intento de darle forma a esa convergencia y ofrecer un escenario compartido.
Desde esa perspectiva, se parece menos a un actor técnico singular y más a una arquitectura de coalición donde su valor parece haber radicado, y en parte seguir radicando, en reunir bajo una misma lógica a grupos y fanáticos que podían verse participando de una misma confrontación, aunque no respondieran a una estructura cerrada ni a una cadena de mando demasiado clara.
Esa lógica no es extraña dentro del hacktivismo ideológico contemporáneo. En un análisis reciente para The Global Network on Extremism and Technology (GNET), la investigadora Sonja Belkin sostuvo que estos entornos suelen funcionarcon estructuras laxas, jerarquías informales y distintos niveles de implicación, donde la propaganda visible, las narrativas de agravio y las plantillas de acción accesibles ayudan tanto a reclutar como a amplificar campañas. También advierte que la cobertura sensacionalista de ataques no verificados puede inflar artificialmente la percepción de eficacia de estos actores.
Cuando en un comunicado difundido en 2024 a través de uno de sus canales oficiales de Telegram habló de una unión de más de ochenta equipos hacktivistas y llamó a abrir todos los frentes contra Israel y sus aliados, no estaba usando solamente lenguaje de ataque. Había algo más, algo que se parecía bastante a una convocatoria de bloque, incluso de militancia política. La combinación de referencias a Palestina, Hezbollah, Rusia y China, sumada a ese tono de guerra total, dejaba claro que Holy League no intentaba hablarle a un único ecosistema. Lo que buscaba era construir una superficie común para actores distintos, con causas no idénticas pero sí compatibles alrededor de enemigos compartidos.
El siguiente gráfico permite observar algo que el discurso público de Holy League ya insinuaba desde su origen: su peso no parece haber estado en una identidad técnica compacta, sino en su capacidad para funcionar como nodo de articulación entre actores más activos, alianzas satélites y vínculos de segundo grado. En color se destacan las relaciones actualmente más visibles o dinámicas, mientras que en segundo plano aparecen conexiones periféricas o de menor intensidad, útiles para entender el volumen relacional del frente sin confundirlo con una jerarquía completamente cerrada.

Holy League como nodo de articulación: en color, los vínculos hoy más activos; en segundo plano, relaciones de segundo grado dentro del ecosistema
Y es ahí donde el caso empieza a decir algo más que la suma de sus ataques. En conflictos híbridos como este también se juega con la posibilidad de reunir identidades dispersas, fijar blancos comunes, producir sensación de volumen y convertir campañas fragmentadas en la imagen de una fuerza coordinada.
El papel de Holy League, según la evidencia disponible, no fue sólo el de un actor que reclama ataques. También funcionó como una pieza útil para escenificar una confrontación más amplia donde la representación tiene valor operativo y en la que la propaganda forma parte activa de la causa. La coordinación visible, incluso cuando no equivale a una jerarquía rígida, puede producir efectos políticos, psicológicos y reputacionales bastante más amplios de lo que a veces suponemos.
La combinación que reunió también ayuda a entender por qué llamó la atención. Los circuitos pro-islamistas aportaban causa, lenguaje de resistencia, centralidad de Palestina y una épica militante que dentro de ese universo no necesita demasiada explicación. Los entornos pro-rusos, por su parte, ya venían más habituados a campañas de presión digital más frecuentes, narrativas anti-OTAN y formas de hostigamiento distribuidas contra objetivos occidentales.

La retórica visual de Holy League no se limitó a Israel: también incorporó mensajes hostiles hacia la OTAN como parte de una narrativa de frente más amplio.
Desde ahí, el valor geopolítico del caso se vuelve bastante más claro. Lo que se intentó construir no fue simplemente una suma de grupos, sino una forma de representación bélica adaptada al terreno digital que se mantiene en la actualidad. Eso explica por qué el mensaje central del frente parecía menos preocupado por demostrar pericia técnica que por producir alineamiento, adhesión y sentido. Algunos ataques, vistos de manera aislada, pueden haber tenido un impacto desigual o incluso limitado. Sin embargo, en términos de construcción de bloque, de narrativa de resistencia y de proyección simbólica, Holy League ayudó a instalar la imagen de una constelación que buscaba actuar como frente compartido.
La lectura gana todavía más interés cuando se observa lo ocurrido después. Hoy Holy League no parece sostener la misma visibilidad que tuvo en su momento, aunque eso no equivale necesariamente a desaparición. Un análisis interno sobre varios de sus canales de difusión sugiere un corrimiento hacia la órbita de Cyber Islamic Resistance, también conocida como CIR. El canal que nació como “Holy League” fue mutando con el tiempo, reenviando contenido de CIR, difundiendo propaganda, mensajes de reclutamiento, llamados a apoyo económico y referencias a cuentas oficiales ligadas a ese nuevo centro de gravedad.
Ese movimiento no alcanza para cerrar un mapa jerárquico, pero sí vuelve razonable una hipótesis bastante más sobria y útil en la que el papel de Holy League fue reciclado o reordenado dentro de un ecosistema más activo en el que los actores Cyber Islamic Resistance y Abu Omar cargan con mayor visibilidad. En ese circuito, algunos grupos se debilitan, otros se reciclan y otros desaparecen, pero la necesidad estratégica que los volvió útiles puede seguir intacta. En este caso, todo sugiere que la lógica de frente sigue presente, aunque ya no dependa exclusivamente del viejo nombre Holy League.
Conviene, de todos modos, mantener algo de sangre fría porque la opacidad sigue siendo alta. No está claro hasta qué punto existió una jerarquía estable, ni cuánto del volumen proclamado por el frente reflejaba una capacidad realmente integrada. Lo que sí aparece con bastante más claridad es una coalición oportunista, ideológicamente cargada y muy dependiente del relato, que encontró en este terreno un espacio fértil para darle forma política a una convergencia que antes podía verse de manera más dispersa.
En todo caso, Holy League importa menos como actor compacto que como caso testigo de cómo ciertas coaliciones hacktivistas intentan producir frente, legitimidad y coordinación dentro de un conflicto híbrido.
Nota metodológica: Para la elaboración de este artículo se utilizaron insumos de perfilamiento interno desarrollados en 3C-INT sobre Holy League y análisis de canales públicos del actor perfilado.
Explora 3C-INT
Amplía el seguimiento de actores, campañas y vínculos operativos con una capa de inteligencia estructurada.
Recibe nuevas publicaciones
Suscríbete para recibir nuevos artículos y actualizaciones públicas de iQBlack sin ruido innecesario.